La emblemática catedral de Barcelona llegó a los 172,5 metros tras la colocación de la cruz en la torre principal y se convirtió en la iglesia más alta del mundo.
Antonio Gaudí murió el 10 de junio de 1926 a los 73 años tras ser atropellado por un tranvía, mientras continuaba trabajando en la construcción de la Sagrada Familia.
El arquitecto había proyectado que una cruz blanca coronara el templo para reflejar la luz del sol durante el día.
Casi cien años después, se colocó en la cima del edificio una cruz de 17 metros de altura, elaborada con la técnica del trencadís y compuesta por 15.000 piezas de cerámica en distintos tonos de blanco.


Deja un comentario